Creo que lo loable de esta película es el trabajo de ambientación realizado. No sólo el de los escenarios (a pesar de ciertos fondos pintados), si no el del vestuario, los muebles y demás elementos decorativos. ¿Fidedignos? No lo sé. El asunto es que el guión se queda corto ante tamaña labor ilustrativa, y los personajes se pierden en lo que fue para mí una anécdota caótica e ininteligible. ¿Es que debo verla con más atención?
Es curioso. En IMDB tiene 259 votos con promedio de 9.3. Si uno lee las estadísticas, son mujeres quienes votaron con diez. ¿Será porque el personaje principal es mujer? No olvidemos además que participan los personajes Claire Redfield y Jill Valentine.
De título original Scarface, no me gustó por lo siguiente:
1.- Es muy larga. Dura 170 minutos.
2.- Es relativamente hueca. En todo el tiempo del metraje, tuve la impresión de que no se narra gran cosa, sólo lo mínimo del ámbito mafioso.
3.- La música es pésima. Además de los temas musicales hiperochenteros, la música principal está interpretada en sintetizador con sabor a lo Walter [Wendy] Carlos, pero sin ser tan agradable. Quizá de forma aiPostslada sea más disfrutable; en la película, parece película mexicana con Rosa Gloria Changoyán. Es de Giorgio Moroder.
4.- Tanto mal gusto da flojera.
5.- Buenos muchachos, (Goodfellas, Martin Scorsese, 1990).
Lo triste de leer en el metro son los transbordos. Estar sumido entre palabras y llegar a la estación de transferencia es como meter un anuncio televisesco en plena película, en aquella parte donde no está preparada para el corte comercial. Por eso odio Tacubaya. Y lo peor, el fin del trayecto: Cuando uno cierra el libro sabiendo que quién sabe cuándo volverá a abrirlo... Uno quisiera no tener que llegar a ese compromiso ya hecho, volver al tren y continuar hasta que la sed quede satisfecha.
...Y me encontré un mensaje que me llamó la atención. En él aparecía el nombre de Héctor del Puerto Waterland. Nombre curioso donde los haya, dirían los españoles. Puerto y Waterland se relacionan bastante por su significado. Una búsqueda en internet permite saber que es [fue] profesor en la Facultad de filosofía y letras de la UNAM, en el colegio de Teatro.
Sin dejar de lado las buenas actuaciones y una fotografía a la par de calidad, me gustaría destacar de esta cinta su guión, escrito por Juan José Campanella y Eduardo Sacheri, basado en la novela La pregunta de sus ojos, del mismo Sacheri. Nos encontramos en la Argentina de mediados de los setenta, en la cual Benjamín Espósito se enfrenta a un crimen de violación y asesinato. Con ayuda de su asistente Pablo Sandoval y la abogada Irene Menéndez-Hastings busca aclarar el caso, deseo alimentado por la solución disparatada que ofrece un colega suyo, Romano, para quedar bien ante los superiores, así como la tristeza y pasión vivida por el viudo de la víctima. Años Más tarde, Espósito, ya jubilado, desea escribir una novela sobre este hecho. Así empieza todo.
Esta historia se presenta a través de dos líneas temporales: la del Espósito novelista y a través de flashbacks la del Espósito investigador. Estos tienen mayor espacio durante el metraje. Lamentablemente no conozco la novela, así que no puedo comparar cuánto y qué bebió el guión de ella, pero lo que sí puedo decir es el gran manejo de los conflictos, la casualidad y la causalidad. Y es que la forma en que los personajes se inmiscuyen en el caso surge a través de lo que pareciera un incidente cotidiano, una ligera necedad del ambiente laboral. Con un ligero sabor a película negra, el guión sobresale por la dimensión de sus personajes, por sus personalidades y pertenencia a un universo real y tangible, que se altera por sus propias acciones, formas de ser; sus pasiones, diría Sandoval. Son seres vivientes encerrados en una jaula de celuloide. Cada quién desata humor, tristeza, preocupación: Es ese elemento cotidiano hecho una historia gracias a un incidente que altera el rumbo normal de sus vidas; o sea, cumple perfectamente con el manual de “cómo escribir una historia”, pero sin que el espectador lo note, al contrario: La inmersión es tal que uno recuerda que está ante una película porque llega un momento en el que corren los créditos.
Y digo que es una historia con un ligero sabor a cine negro porque tenemos un proceso de investigación, donde el personaje coincide con el modelo del enamorado de una mujer imposible de tener, pero trasciende el hecho de que, gracias a las cualidades que acabo de mencionar, los demás personajes tienen cosas de qué ocuparse; el caso de la mujer violada y asesinada es sólo el centro de atracción que nos permite conocerlos de forma profunda, y es que todos tienen algo qué contar, u ocultar. Pero estos elementos se vuelven totalmente humanos cuando los conflictos ocurren por cuestiones de celos laborales, discusiones y rencores surgidos en los pasillos del trabajo. He ahí la gran naturalidad de este guión. El caso pasa a segundo plano porque los personajes tienen una vida para vivir. Llena de incidentes de principio a fin, cuando uno piensa que todo ha terminado, se encuentra con que en realidad sólo se ha abierto una puerta para seguir adelante, y no sólo ocurre en el espacio temporal de los setentas, sino en el presente durante el cual Espósito aún sigue atando cabos. Otro ejemplo del valor de este guión: Hay cierto momento en el final que logra una gran intensidad emotiva con sólo una frase.
Esta cinta ganó el Óscar en la categoría de “Mejor película en lengua extranjera” de este año, por cierto. Actúan Soledad Villamil, Pablo Rago, Javier Godino, Guillermo Francella y Ricardo Darín, a quien conocí por la muy agradable película El hijo de la novia, del mismo director y estrenada en 2001, la cual fue nominada también al Óscar. Creo que es meritorio. Por orto lado, Campanella ha dirigido episodios de House M.D. y La ley y el orden, entre otras series. Definitivamente vale la pena seguir su obra, tiene el oficio muy bien aprendido.
Toy Story 3 es una película convencional en cuanto al argumento pero que, a pesar de ello, logra ser atractiva. Y por esto su contenido dramático es polar, pero no en el sentido de “tiene buenos y malos momentos”, sino que contrasta estados de ánimo: El humor y su manejo producen risas que se oponen a situaciones de amplia carga sentimental, fábrica de lágrimas para los más sensibles. Sigamos con las polaridades: ese argumento convencional se refresca gracias al inteligente uso de las situaciones, de los diálogos y los juegos de palabras (sería necesario ver la versión original para confirmar este aspecto, y conocer el tratamiento de sus autores). No importa que estemos conociendo la anécdota de siempre: el personaje bondadoso pero doble cara, resentido; la prisión y la fuga de ella y demás elementos de este estilo. Podemos olvidar todas las ocasiones anteriores en que el cine o la televisión la revivió; no está disfrazada de Toy Story, sino que sus personajes la hacen única. Ahora, si definiéramos esta película con una frase, sería más o menos así: "Es una cinta acerca de las despedidas". Por supuesto, está presente el mensaje acerca del valor de la amistad y la lealtad que la cohesiona, y a pesar de que el conjunto narrativo que enmarca esto es básicamente el mismo que el de las otras dos partes, es decir, un suceso que altera la normalidad del grupo de juguetes, una aventura para volver a la normalidad y su conclusión donde todos quedan felices y contentos, es una película extremadamente divertida e incluso fresca. Nadie debe perdérsela: Los niños tienen mucho qué aprender de ella, y los adultos otro tanto qué recordar.
Viaje a las estrellas es la traslación al cine contemporáneo del programa de televisión homónimo que llegó a las pantallas en 1966 gracias al productor Gene Roddenberry. Actualmente, a esta serie se le conoce en inglés como Star Trek: The original series. Pues bueno, para esta versión, planteada como un reinicio de la saga, podemos tomar dos puntos de vista: El primero: Es una muy buena película de acción; el segundo: Desafortunadamente es una película de acción.
Lo que hizo interesante y valiosa a la serie original fue su valor filosófico y simbólico. La nave Enterprise, es una viajera estelar cuya tripulación se caracteriza por ser eficiente, noble, capaz de seguir los principios con toda la rectitud que puede brindar su capacidad de decisión, humanidad y razonamiento. Estos tres elementos son representados con el trío formado por el capitán Kirk, el doctor McCoy y el oficial científico Spock. Y así como Jasón y los argonauta, a bordo del Argos se enfrentaron a diversas pruebas según las tierras con las que se encontraran, la tripulación del Enterprise encara diferentes mundos cuyos habitantes, poblaciones o incluso náufragos plantean diversas situaciones que finalmente simbolizan el ambiente vivido durante la guerra fría, o dan pie a problemas filosóficos acerca de la tecnología y el hipotético contacto con otras razas u especies, entre otros temas.
Así que confirmo el segundo punto de vista: “Lamentablemente es una película de acción”. La cinta pierde todo el carácter filosófico de la versión original y éste es maleado de manera que los principios que rigen a sus tres personajes principales se diluyen, yo diría que totalmente en el caso del capitán Kirk. Dicen los creadores de esta versión que su interés era pasar “de una guerra submarina” a una “guerra más dinámica”. He ahí un error grave. Que el ritmo fuera más lento no significa que el programa de televisión haya carecido de emoción.
Pero también es posible confirmar el primer punto de vista: “Es una muy buena película de acción”. Las batallas espaciales están muy bien logradas; los enfrentamientos cuerpo a cuerpo superan cabalmente a la versión original (eso era muy sencillo de lograr); la anécdota hace juegos temporales que funcionan si uno no se vuelve tan quisquilloso como el doctor Emmet Brown; visualmente es una película de diez. En fin, redonda. Aquí estacaro la música de fondo, compuesta por Michael Giacchino, muy bien lograda de principio a fin. La fotografía, llena de luces destellantes y polvo estelar, da una sensación muy lograda de la enormidad del espacio exterior. Un detalle en particular para esta película es el uso de lentes anamórficos, que da un tratamiento visual totalmente diferente de lo que estamos acostumbrados en la actualidad. Este aspecto está controlado por Daniel Mindel.
Ahora, con respecto al universo de Viaje a las estrellas, puedo decir que hay grandes logros y catástrofes de magnitud intergaláctica. Ver al Enterprise en construcción y luego en funcionamiento produce una muy agradable sensación para quienes hemos visto y disfrutado de la serie original. En cuanto a los personajes, la actuación de Zachary Quinto como Spock es soberbia (cosa que ya se ha dicho hasta el cansancio); Anton Yelchin como Chekov, si bien no es muy parecido a su original sesentero, me parece también digno de estar en los primeros lugares. En un escalafón de bien logrado podemos poner al doctor McCoy, interpretado por Karl Urban, quien hace un buen esfuerzo por realizar las expresiones, tonos de voz y aspavientos que caracterizaron a DeForest Kelley. Pongo aquí a Simon Pegg como Scotty sólo porque me cae bien, pero sin duda su traslación es bastante desafortunada. El romulano Nero también queda en esta categoría, interpretado por el australiano Eric Bana. En el escalafón de nifú nifá queda Zoe Saldana, representando a Uhura. Zulu, como en la serie, simplemente está. Lo desagradable: El capitán Kirk, interpretado por Chris Pine; pesado, sin chiste. Incluso Chris Hemsworth, quien representó a su padre, George Kirk, es infinitamente superior en el poco tiempo que estuvo en pantalla. Estoy seguro que William Shatner también tiene una personalidad difícil de tragar, pero la construcción de su personaje es memorable. El Kirk de 2009 es lo peor de la película: Es violento, es impulsivo... En este sentido, me parece mejor el tratamiento argumental acerca del dilema que sufre Spock al ser mitad vulcano, mitad humano.
El hecho de que hayan recuperado los efectos de sonido originales de la serie es algo fabuloso. Podemos hablar de un toque “retro” que favorece ampliamente la experiencia del espectador. Los uniformes, la ambientación, los phaser, todo luce bien. Se extrañan los comunicadores (aunque aparece uno en manos de la madre de Kirk), y detalles como la señal de alarma en el módulo de Zulu, o los llamados al capitán de estilo marítimo, que, como cita, realiza Christopher Pike en la secuencia de la cantina. Y por cierto, es un detallazo que hayan recordado a este personaje, capitán del Enterprise en el piloto de la serie. Por supuesto, ver a Leonard Nimoy sigue sumando puntos en el apartado de las complacencias. Sarek, el padre de Spock aparece en pantalla y tiene unas líneas tomadas de la serie original: Ante la pregunta de su hijo por saber las razones de su matrimonio con una humana, él contesta, más o menos, que “fue un acto lógico”. El gran remate de estas citas y guiños viene con el discurso introductorio de cada episodio en la serie original: “Space. The final frontier…”, ahora narradas por el mismo Nimoy, mientras la cámara muestra varios aspectos del Enterprise, y acompañadas por el tema musical original. Aplausos.
Todo esto se amalgama en una película que entretiene a los espectadores y complace a los seguidores de la serie, pero que desafortunadamente no satisface las expectativas de una película que lleva el nombre de Viaje a las estrellas. Por esto, produce sentimientos cruzados: La disfruté mucho, pero Star Trek no es Star Wars.
¿Por qué es tan importante a esta película? Considerada dentro de los clásicos del cine de persecución, a la par de Bullit (Peter Yates, 1968) y acompañada de la cinta clase B Gone in 60 seconds (H. B. Halicki, 1974), Vanishing point queda dentro del imaginario cinéfilo por su argumento, que hace de esta cinta una road movie de corte existencialista. Otro factor importante es el Dodge Challenger R/T de 1970 que acompaña al protagonista.
Kowalski (Barry Newman) es un conductor profesional, ex piloto de carreras, veterano de Vietnam, ex policía. Se dedica al negocio de llevar coches de un lado a otro. Una noche, tras entregar un Cadillac, toma el Challenger blanco e inicia un viaje a tope de velocidad y speed, anfetaminas, con rumbo a San Francisco. Tras un incidente con la policía, este viaje se transforma en una larga huída interestatal durante la cual Kowalski no sólo recorre una gran cantidad de kilómetros, sino que como un beat con 440 pulgadas cúbicas se encuentra con los diversos personajes que habitaron el sur de los Estados Unidos a principios de los setenta. En esto es donde uno puede encontrar el valor de Vanishing point, que algunos críticos resaltan como un reflejo de la sociedad estadounidense post-Vietnam, y por lo cual no se trata de una simple “película de coches”.
Sin duda, la música es otro elemento a destacar. Si Bullit se caracteriza por prescindir de ella en el momento cumbre durante la secuencia de persecución, dando un primer plano sonoro a las máquinas, Vanishing point se apoya en el personaje de “Super Soul”, conductor de la estación de radio que Kowalski escucha durante su viaje, y con quien tiene contacto metafísico. Sólo puedo decir que el soundtrack es excelente, y va muy bien con todas las secuencias de persecución, el contexto histórico y sus personajes. Es un disco que debe estar en toda buena colección.
Escrita a partir de la idea de Malcom Hart por el autor cubano Guillermo Cabrera Infante (aunque mencionado como Guillermo Cain) y Barry Hall, tiene un refrito en 1997, dirigido por Charles Robert Carner, con Viggo Mortensen en el papel principal. En 2007, como parte de un proyecto realizado en conjunto con Robert Rodríguez, Quentin Tarantino escribe y dirige Death Proof, película clase B que retrata el placer sádico de un piloto, doble de cine. Ésta, en su segunda mitad, es un completo homenaje a Vanishing point.